Con una ceja un poco levantada y la sonrisa de medio lado, Alejandro transmite la picardía de las personas que miran el mundo desde otra perspectiva. Unos minutos de conversación con él, y te das cuenta que sabe de lo que habla.

Catalán de nacimiento pero tinerfeño de adopción, se forma como arquitecto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria. Completa su formación en la Facultad de Arquitectura, Edificación y Planeamiento de la Universidad de Eindhoven, en Holanda, y es miembro colaborador de Kohn Pederssen Architects, KPF/NY, New York, EEUU.

Entre muchos de los proyectos realizados, en RetroVanguardia os mostramos “Una casa con dos caras”, en La Laguna. Tenerife. 

Según sus propias palabras, a nivel formal, desde la  relectura de las arquitecturas tradicionales de La Laguna, se ha intentado imprimir un fuerte carácter de sencillez a la nueva pieza edificada. Entendemos que la neutralidad del objeto contemporáneo hace  posible la convivencia del mismo en su contexto histórico.

La vivienda presentaba un estado ruinoso debido el abandono sufrido durante décadas. Su composición era sencilla y su fachada, de estricta simetría, mostraba aún la dignidad de una vieja casa del siglo XVIII. La casa había tenido muchas vidas y en esas vidas había sido transformada y ampliada… a veces herida.

En estas imágenes vemos el estado en el que se encontraba el inmueble.

Una joven pareja con dos niñas la eligió y la rescató de la ignominia. Así se proyectó la conservación de la primera crujía de la edificación, que sería rehabilitada, el resto, carente de valores reseñables, sucumbió bajo la pala mecánica. Un nuevo patio articularía la parte histórica con la inédita.

El patio se convierte en el elemento protagonista de la casa de Cabrera Pinto, permitiendo la comprensión temporal y espacial de la misma.

Los gruesos muros de la parte añeja, recibieron una nueva estructura de madera. Tanto en la moderna estructura del suelo como en la armadura de cubierta, se respetaron las sabias disposiciones y escuadrías de los elementos lignarios que habían sido vencidos por el tiempo.

Las tejas que se encontraban en buen estado fueron dispuestas como cobijas, manteniendo la homogeneidad cromática del tejado y la noble pátina que otorgan las estaciones.

Los muros cuentan historias, los recientes enfoscados que los cubrían fueron picados y descubrieron su composición y texturas. Las tramas de los sillares de tosca, de los ladrillos cerámicos y de los anchos muros de piedra y barro se hicieron presentes. La luz debía revelar sus volúmenes.

El patio actúa como una linterna que permite la iluminación natural de la casa, contrarrestando la umbría consecuencia de su posición entre edificios de mayor altura y su desarrollo en profundidad.

La dualidad que se produce entre los dos momentos históricos presentes en la edificación, pretende ser un diálogo respetuoso entre ambos. La humildad del pasado y la sencillez del presente. Respeto.

La casa tiene hoy dos caras, dos fachadas que responden a sus tiempos. Una nueva oportunidad.

“La búsqueda de la Modernidad nos llevó a descubrir nuestra antigüedad…Inesperada lección histórica que no sé si todos han aprendido: entre tradición y modernidad hay un puente. Aisladas, las tradiciones se petrifican y las modernidades se volatilizan; en conjunción, una anima a la otra y la otra le responde dándole peso y gravedad”.

Alejandro Beautell, arquitecto.

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