Tercera entrega de “¿Por qué el paraíso es una isla?”.

Zanzibar está tan cerca del continente que uno tiene la sensación de aterrizar en Tanzania y no sobre esta pequeña isla del Índico. Unguja, su nombre real, generalmente llamada Zanzibar por su capital, es la isla más conocida de este archipiélago. Pemba tiene el mismo atractivo turístico pero menos renombre a nivel internacional.

Cuando León pisó el asfalto agrietado del aeropuerto de Zanzibar, pronto se dio cuenta que estaba en África. Poco tenían que ver estas instalaciones (o la ausencia de ellas) con las de Mauricio. Tras recibir su segundo sello en el pasaporte en menos de una semana, recibió una avalancha de buscavidas que trabajan a comisión de taxistas y hoteleros. “¿Por dónde empiezo?” reflexionó unos segundos. “Quiero ir a la capital”.

[quote ]A pesar de estar rodeado por un mar turquesa, el paisaje de la isla no varía en exceso con el continente: Caos circulatorio, animales vagando al borde de la carretera, mucha vegetación tropical, tierra rojiza, casas humildes y sonrisas. Muchas sonrisas.[/quote]

El taxista le recomendó alojarse en el Africa House Hotel, ya que la mayoría de viajeros europeos y la comunidad expatriada se reúnen en su terraza cada atardecer. El olor y el ambiente de Stone Town le recordó a muchas ciudades del norte de África y Oriente Medio. Se nota la influencia musulmana en la isla. Hasta 1890 perteneció al Sultanato de Omán y el 99% de su población continua siendo musulmana. Al caer la luz de la tarde León se preparó para acudir a la cita de la terraza. Por la ventana entraba el sonido místico de los rezos de una mezquita cercana.

La camarera canadiense le ofreció elegir entre tres cervezas locales, la Kilimanjaro, la Serengeti y la Safari. León, probablemente en un rechazo inherente a su nombre, eligió la Kilimanjaro. Observando el atardecer sobre el viejo puerto de Zanzibar, pronto se dio cuenta que ese ambiente de turistas italianos junto con expatriados anglosajones no encajaba con Sofía. Ella anhela la libertad y Stone Town es el vivo recuerdo de lo contrario, debido a su fama como mercado de esclavos en África Oriental.

Charlando con la simpática camarera descubrió que al día siguiente se celebraba un festival de deportes y música en la playa de Jambiani. Al fin y al cabo el doctor Livingstone no perdió el tiempo tomando cervezas durante su estancia en Zanzibar sino que luchó por la abolición de la esclavitud.

El mar de Zanzibar es maravilloso. La fina arena compuesta de moluscos y coral se funde con toda la gama de azules hasta llegar a los rompientes del arrecife. Con la marea baja los Dhows quedan varados sobre el coral. Los buscadores de pulpos aprovechan para recolectar grandes conchas y estrellas de mar para engatusar a los turistas. Señoras protegidas del sol con coloridas telas se arrodillan en los charcos para mantener sus cultivos de algas marinas que posteriormente exportarán al continente asiático.

Por primera vez en esta aventura, el corazón de León se encogió en Jambiani. Por un momento creyó que este era el lugar apropiado para refugiarse en una hipotética huida de la civilización. El alcohol, el calor y la salitre le impulsaron a recorrer la playa de punta a punta. Un sitio maravilloso, lleno de turistas encantadoras en bikini…pero sin rastro de Sofía. Era el momento de tumbarse y cerrar los ojos por unos días.

Continuará.

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