Como una casita del Monopoli gigante, se alza blanca perfecta, rodeada de un verde hierba y el comienzo de un pavimento que me recuerda al de Alicia en el País de las Maravillas. Y algo parecido es lo que sucede con esta edificación: en su interior se abre un gran patio central que ilumina la zona de habitaciones, quedando en un plano privado, mientras que la zona social queda mucho más expuesta.

La simplicidad de líneas, colores y materiales, hacen que parezca un museo y no una casa habitable. Pero seamos sinceros: quién no querría esta maravilla para si? Me encanta esta construcción, que se asemeja a los edificios modernos ubicados en ciudades japonesas, completamente engullidos por las casa típicas de la zona.

Ahora mismo voy a dejar de escribir, cerrar el ordenador, levantarme de la mesa de trabajo, coger dos euros e ir a comprar una primitiva, que tiene un bote de 54 millones de euros. Esta noche saldrá premiada mi combinación y tendré un grave problema: no tengo el número de teléfono de este arquitecto!

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