La magia de la vanguardia reside en que solo el paso del tiempo es verdadero juez del talento de un creador. Erik Satie recibía bofetadas y naranjazos tras sus conciertos en Paris a comienzos del siglo XX. En la actualidad su música es venerada por los directores creativos de agencias de publicidad de medio mundo.

Mucho antes de que Woody Allen escribiera Midnight in Paris, yo ya soñaba con tomar absenta en Montmartre con los Picasso, Dalí y compañía. Supongo que es injusto para los artistas contemporáneos decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es probable que en el siglo XXIII el pintor más cotizado posiblemente resida a día de hoy en Madrid o Barcelona y esté malvendiendo su obra, pero insisto…he leído demasiadas biografías de pintores del siglo pasado y Paris was the place to be.

Es casi tan difícil poner en contexto el revuelo que la música de Satie causó en su época como las manchas de Monet sobre los lienzos. Lo que si parece cierto es que la vida de los genios va unida a un carácter singular. Existen muchas anécdotas en internet sobre las manías del compositor: Solo comía alimentos de color blanco, siempre vestía trajes de terciopelo gris y al morir encontraron en su habitación una colección de 100 paraguas.

Satie retratado por Picasso

Fue amigo de grandes músicos de éxito como Debussy y Ravel, hecho que no le ayudo a destacar especialmente. Tampoco su amistad con pintores como Picasso, con quién colaboró en la obra Parade. Erik Statie es considerado precursor del Minimalismo y sobretodo de tomarse las cosas con calma, ya que no ingresó en el conservatorio hasta los 40 años.

Recomiendo escuchar su música un domingo por la mañana, preferiblemente de Otoño, o bien durante un viaje en tren. La repetición y tempo pausado se vuelven hipnóticos. Es obligatorio comenzar por sus Gnossienes y luego escuchar las Gymnopédies:

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