Hace poco más de un mes, desde Bangladesh nos llegaban unas atroces imágenes de cuerpos sepultados bajo los escombros de un complejo textil. Más de un millar de personas perdían la vida en una catástrofe que se podía haber evitado. Las condiciones en las que los operarios realizaban su labor diaria eran precarias, y ha habido voces de trabajadores que tuvieron la suerte de sobrevivir a la tragedia que aseguraban que se veían forzados a realizar su trabajo en un edificio en el que no les apetecía entrar.

Empresas como Primark, El Corte Inglés, Bon Marché, Joe Fresh y Benetton han confirmado producir en alguna de las empresas locales implicadas en el siniestro, y otras como Mango habían hecho pedidos de prueba en los talleres. El mundo de la moda y las grandes compañías se veían directamente implicadas en el siniestro.

Víctimas de la moda, que no “Fashion victims”. Aunque este último término tiene una relación directa con el suceso que hemos recordado. Hace unos días, una joven artista llamada Yolanda Domínguez, una especialista en denunciar actitudes sociales con intervenciones en lugares públicos, decidió tomar partido. Y así nació su protesta “Blogueras de moda sepultadas bajo escombros”, que tuvo lugar frente a escaparates de tiendas de moda en plena Gran Vía de Madrid, donde tienen establecimientos algunas de las firmas que ha reconocido que fabricaban ropa en el edificio de Bangladesh. Las modelos escogidas eran blogueras de moda que fueron seleccionadas por su poder de influencia.

Esta iniciativa quizás no ha tenido la repercusión mediática que debiera, y solo medios especializados y algún periódico comprometido se han hecho eco de la noticia. Por suerte, las redes sociales sí se han encargado de difundir la protesta. Fotos de las modelos “sepultadas” por escombros en plena avenida empezaron a circular por las mismas. Twitter, instantánea siempre, fue la principal fuente de difusión del acto. La protesta en sí, duró algo más de 20 minutos. No fue interrumpida por la policía, que entendía la misma de manera natural y comentaban que moralmente apoyaban la causa y por ello no iban a interrumpir la escenificación.

El objetivo, cumplido. Hacer que nos paremos a pensar en el mundo en el que vivimos. La naturalidad con la que aceptamos las cosas. Automatismos contaminados en una parte del planeta en la que parece que lo que ocurre en la otra no nos afecta, cuando estamos directamente conectados. El mundo de la moda recibía un toque de atención. Las empresas eran señaladas. Los consumidores advertidos. La sociedad está avisada. La responsabilidad es común. Y puede que estas cosas sirvan para concienciarnos a todos de que seguramente hay alternativas. De que no todo vale. Moda sí, pero no a cualquier precio.

Por nuestro colaborador: Jacobo Correa (@JacoCorrea).

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