Desde hace años Hvar es el secreto peor guardado del Mediterráneo. Y yo voy a poner mi granito de arena para que siga siendo así.

Entre las casi mil islas de la costa dálmata, Hvar es la segunda en tamaño y la primera en popularidad. A diferencia de las Baleares, Cerdeña, Malta o Mikonos, no se puede volar directamente a la isla. Primero se debe aterrizar en Split y luego tomar un barco a Hvar ciudad o Stari Grad, la capital.

Hvar es un cuento de hadas, un pequeño pueblo costero, rodeado por islas y yates de lujo. Una vez fue un puerto importante en el imperio veneciano y sigue conservando una arquitectura impresionante, como la fortaleza del siglo XVI sobre la colina que domina la ciudad. Explorar las callejuelas o simplemente sentarse a ver la gente pasar tomando un café en la hermosa plaza antigua con vistas al puerto, justifica el viaje…en parte.

La plaza une la ciudad con el puerto

El puerto es en realidad una bahía natural

El segundo motivo para visitar Hvar es el mar. No existen playas de arena, simplemente rocas sobre el mar, siempre cristalino. La mejor opción para pasar el día es alquilar una pequeña barca a motor y visitar las islas Pakleni. Siempre se encuentra alguna cala donde bañarse solo.

Playas sin arena

La mejor manera de descubrir Hvar es en barco

Vista de Hvar desde el mar

Islas Pakleni, una excursión imprescindible

El tercer motivo para visitar Hvar y donde reside toda su popularidad es la vida nocturna. De Junio a finales de Agosto la ciudad bulle. Durante el día existen varios beach bars, los más conocidos son el Hula Hula y el Carpe Diem, que se encuentra en una pequeña isla vecina. Existen boat-taxis que te acercan a cualquier hora del día.

Carpe Diem Beach

 Por la noche los locales obligatorios son el mismo Carpe Diem, que ya tiene fama mundial, y el Veneranda.

Carpe Diem Club

“Live as if you were to die tomorrow. Learn as if you were to live forever.”

–  Mahatma Gandhi

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