Y llegó el día menos esperado para León. Ella se había ido. Se había llevado consigo una pequeña maleta con, aparentemente, sus pertenencias imprescindibles.

Sofía le dijo una vez a León que si algún día ella desapareciera, él debería ir a su encuentro a la isla paradisíaca. El problema es que nunca había mencionado cuál era esa isla y si realmente existía.

León sintió una presión en la boca del estómago. Necesitaba hacer algo. Pensó que si iba al aeropuerto quizás la encontraría antes de embarcar. Con unas All-Stars blancas, un vaquero y una camisa de lino azul tomó un taxi y puso rumbo al aeropuerto. Aun no era consciente que esta cadena de eventos iba a poner patas arriba su vida.

Heathrow es un mal sitio para localizar a alguien que no quiere ser localizado, sin embargo es el sitio ideal para viajar a cualquier parte del mundo. León miraba detenidamente el panel de salidas. ¿Por qué el paraíso es una isla? ¿Qué continente? ¿Qué mar u océano? “Joder, pero si Inglaterra ya es una isla!” reflexionó en una ataque de frustración.

La simbología de una isla puede representar el aislamiento, pero también el lugar donde encontrar tesoros enterrados o simplemente el paraíso. Está claro que Sofía persigue ese espíritu y Gran Bretaña no representa nada de eso. Debe estar de camino a algún destino entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio. Primera certeza.

No quería perder más tiempo y la siguiente salida tropical era Isla Mauricio. Corrió al mostrador de Air Mauritius y desenfundó su Visa. Por fin le resultó útil su manía de llevar el pasaporte siempre en el bolsillo.

Continuará.

Ilustraciones a cargo de khuan-ktron.com

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